jueves, 15 de diciembre de 2016

Diciembre


Es diciembre, hace frío, y sin ti las sábanas ya no huelen a gominola. Están frías, vacías y demasiado rectas. Nadie estira ni retuerce las mantas, pero el frío se cuela inevitablemente en cada poro de mi piel.

Doy una vuelta, y otra, y otra, y no hay ni una sola queja. Pero tampoco nadie que me abrace con la fuerza justa para obligarme a quedarme quieta y hacerme sentir a salvo.

Repaso mentalmente las primeras veces, los últimos días, las frases que no te dije y las que no debí decirte, y sigo sin comprender nada.


Al final quizá tuvieses razón, no soy más que una niña pérdida en mitad del invierno.